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16
Oct

Daniel Fernández advierte falta de talento digital en Chile

Por Luisa Mendoza
Desde Montevideo, Uruguay

“Hacer transformación digital no es digitalizar procesos”, con esta frase Daniel Fernández Koprich intenta derribar el mito que para algunos pudiera ser obvio, pero para otros significa el riesgo de quedarse abajo del tren tecnológico que corre a una velocidad pasmosa, amenazando con cambiar la manera de hacer negocios en el mundo.

En el marco del encuentro Genexus GX29 Builders que tuvo lugar en Montevideo, Uruguay, Fernández conversó con DF acerca de cómo Chile ha asumido la necesidad de potenciar sus capacidades para adaptarse a la transformación digital.

Hay un factor clave con el que el fundador y director ejecutivo de la consultora Memética justifica el hecho de que el país todavía no haya dado el salto evolutivo hacia la transformación digital: su estructura económica está basada en modelos industriales clásicos como la minería, los puertos y la celulosa. “Una de las razones que frena el avance tecnológico es el éxito”, asevera, y explica esta afirmación aludiendo a lo que pueden pensar los ejecutivos de este tipo de empresas. “Si he sido exitoso, me ha ido bien, he generado rentabilidad para mis accionistas con este modelo; ¿por qué me voy a cambiar?”.

Dice que la tranquilidad que otorga el cumplimiento de los incentivos a corto plazo que exigen los inversionistas es la mejor excusa para no atreverse a innovar y persistir en una actitud reactiva frente al cambio tecnológico. Así, las empresas se limitan a digitalizar procesos para lograr más eficiencia. “El salto real de Transformación Digital es concebir el negocio de una manera diferente, no uno lineal que agrega activos y patrimonio y, por lo tanto, utilidades en el corto plazo; sino uno de plataformas de red que integre otras personas, empresas y consumidores apalancados en la tecnología”, precisa Fernández.

La brecha de talentos

En su rol de asesor y exCEO de diversas empresas, Fernández conoce lo que sucede puertas adentro en firmas y universidades. Esta visión amplia le ha permitido advertir que al país le hace falta más talento digital “para migrar de una revolución industrial a una revolución cognitiva”.

Respecto al posible riesgo de obsolescencia de la educación superior, advierte que “hay que hacer carreras más cortas, pero con una preparación diferente. Implementar modelos adaptativos, pragmáticos y articuladores. Con más cultura de negocios y evolutiva, que permita a los egresados de la universidad tener la agilidad y habilidad para adaptarse”.

Destaca que la generación millennial tiene una mentalidad para desarrollar y crear que empuja a la sociedad hacia el cambio, por lo que valora iniciativas como Corfo y la Fundación Chile que promueven la innovación. ¿Pero qué pasa dentro de las empresas?, se pregunta: “Hay compañías que han desarrollado el tema de la transformación digital muy bien, pero no son capaces de habilitarla porque, se requiere de una transformación cultural”.

Respecto de los efectos de la automatización en el empleo, Fernández cita el caso del sindicato de Walmart en Chile que puso sobre la mesa una nueva exigencia: una protección contra la automatización. Una muestra inequívoca de que los trabajadores están teniendo conciencia de que hay una amenaza. Ante esto, recomienda capacitarlos. “Tienen que aprender a interactuar con una máquina, los robots no se manejan solos, hay que programarlos, administrarlos y gestionarlos. El tipo de talento y de empleo que se necesita ahora es distinto”.

Una nueva realidad que requiere un cambio de paradigma en la manera en que las empresas gestionan su capital humano, y dedican tiempo y esfuerzo a capacitarlo, por lo que insta a preguntarse cuántas horas se dedican a capacitación real porque, desde su perspectiva, “la nueva responsabilidad social empresarial está con las personas y la capacitación”.

“Mi responsabilidad social es que esas personas puedan tener un empleo continuo. No necesariamente en mi compañía. Por lo tanto, tengo que contratar personas, no sé si 40 horas, 41,5, 50 ó 12, pero un porcentaje importante de esas horas lo tengo que dedicar a una capacitación profunda de las personas que trabajan conmigo, así se vayan, porque sería una irresponsabilidad enclaustrar a alguien en un trabajo por cinco o diez años, ya que esa persona no va a tener las competencias para desarrollar su carrera en el futuro”, concluye.

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