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16
Ene

La acción de gobierno ante el nuevo contexto digital

Por Alejandro Morán Marco, Socio y responsable del sector público en everis para América

Los gobiernos no han tomado conciencia plena de la necesidad de una reflexión urgente y profunda sobre el impacto que las tecnologías disruptivas están ya teniendo en numerosos ámbitos, desde la prestación de servicios públicos básicos y las redes de protección social hasta el desarrollo económico y el mercado laboral.

El contexto digital continuará impulsando la creación de riqueza y la expansión de la economía. Pero, mientras muchos se beneficiarán, ese crecimiento no será a cambio de nada y vendrá acompañado de profundos cambios en las habilidades necesarias para obtener o mantener un empleo, así como de transformaciones estructurales en la economía.

Los economistas del MIT Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee han acuñado el término “gran desacoplamiento”, el cual define una circunstancia económica que se viene produciendo desde los noventa e intensificando durante los 2000. Pese a la adopción masiva de la tecnología en los procesos productivos y en el consumo, la economía y la productividad no crecen de manera significativamente distinta, mientras que el empleo generado y el ingreso medio se estancan o, incluso, decrecen.

Así, la evolución tecnológica ya está teniendo profundas consecuencias en la economía. Y quizás la más importante es que, mientras el progreso digital incide positivamente en el crecimiento, puede hacerlo empeorando sustancialmente la situación de algunas o muchas personas.

Esto se debe a que las tecnologías digitales se han mostrado capaces de desempeñar trabajos rutinarios desde hace ya tiempo, sustituyendo a los trabajadores menos cualificados, ejerciendo una gran presión a la baja sobre el salario medio. A medida que la inteligencia artificial y la robótica se vuelven más y más potentes, también se abaratan, lo que lleva a que los empleadores prefieren comprar más tecnología que contratar a más trabajadores.

Ante esta circunstancia, es imprescindible una acción política enérgica, urgente y sostenida en el medio plazo. Y no, desde luego, enfocada a medidas impositivas o restrictivas que alejen la inversión en innovación y el empleo calificado hacia otras latitudes.

Uno de los focos debe establecerse en ayudar a aquellos que, por sí mismos, no puedan adaptarse a los cambios, así como en garantizar que los beneficios de la revolución tecnológica se desarrollen y estén disponibles para todos. Es necesario asumir que se está generando una situación de alto riesgo de desempleo tecnológico, que puede destruir empleos a mayor ritmo del que se encuentren nuevos usos para el trabajo.

Otro foco debe orientarse a proteger la competitividad y el posicionamiento económico de la economía. O, si se prefiere, a abordar decididamente la transformación digital de la economía. No pueden perderse de vista las estimaciones que indican que, hacia 2025, el peso de la economía digital se situará en torno al 25% del PIB mundial.

Los gobiernos deben asumir de manera su responsabilidad de liderazgo en la transformación digital de regiones y países. Deben anticiparse, no reaccionar, a los cambios económicos y sociales que están en proceso. Y deben hacerlo desde un marco institucional apropiado, con un liderazgo muy marcado y una visión transversal.

 

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